• 30 de abril de 2026 08:38

El “hombre del campo” que se volvió casta: la decadente gestión de Alfredo De Ángeli en el Senado

Alfredo De Ángeli llegó al Senado como referente rural y figura mediática del agro, pero su gestión en la Cámara alta muestra pocas iniciativas legislativas, ausencias y abstenciones en votaciones sensibles para jubilados, salud pediátrica y universidades, además de episodios que en su momento motivaron pedidos de investigación judicial. ¿Representa realmente a la gente o a una casta con privilegios e inacción?

  • Por AF

Alfredo Luís De Ángeli, productor agropecuario y senador por Entre Ríos desde 2013, es hoy una figura conocida por su pasado como dirigente rural y su presencia en los medios. Sin embargo, la radiografía de su paso por el Senado revela un contraste entre su imagen de “hombre del campo” y una gestión que, en los hechos, ha aportado escasa producción legislativa, recurrentes ausencias en votaciones clave y posiciones —o la falta de ellas— que terminaron perjudicando a sectores vulnerables.

Del tractor al sillón, del reclamo al silencio

En el plano legislativo, la propia actividad oficial lo muestra casi reducido a proyectos de declaración —principalmente adhesiones a exposiciones rurales— y a muy pocas iniciativas de alcance nacional. Informes de seguimiento parlamentario advirtieron que De Ángeli no presentó ningún proyecto de ley durante el año legislativo 2023; su producción registrada en la página del Senado consiste en declaraciones y pedidos de interés por exposiciones rurales más que en propuestas de política pública. Esa inactividad choca con la promesa de representar y defender los intereses de sus electores con propuestas concretas.

La cuestión de la responsabilidad en el recinto es otra asignatura pendiente. En sesiones y votaciones que afectaron directamente a jubilados, a personas con discapacidad y al financiamiento de la salud pediátrica y la educación universitaria, De Ángeli optó por la ausencia o la abstención. El 10 de julio de 2025, por ejemplo, en la votación de aumentos y medidas relacionadas con jubilaciones y moratoria previsional, su banca estuvo entre las ausentes o entre quienes no acompañaron activamente las iniciativas, junto a otros legisladores que luego se escudaron en cuestionamientos a la dinámica parlamentaria. Ese tipo de omisiones en votaciones que impactan en la vida de millones sugiere una priorización de gestos políticos por sobre el mandato representativo.

Al más reciente y políticamente revelador fue el tratamiento de dos leyes que tuvieron enorme repercusión nacional: la emergencia en pediatría (vinculada al Hospital Garrahan) y el financiamiento de las universidades públicas. En octubre de 2025 el Senado rechazó los vetos presidenciales y confirmó el financiamiento para el Garrahan y las casas de altos estudios. De Ángeli, sin embargo, se ubicó en el grupo de senadores que se abstuvo en esa votación o que permaneció al margen en momentos decisivos. Abstenerse en medidas que apuntan a sostener la salud infantil y la educación pública equivale, en los hechos, a facilitar el déficit de voz en favor de quienes más necesitan políticas públicas robustas.

La falta de gestión activa se extiende a su trabajo en comisión. Tras asumir la presidencia de la Comisión de Agricultura hubo críticas por la escasa actividad de esa comisión en el periodo más reciente: registros periodísticos señalan silencio de reuniones y una inactividad que contrasta con la retórica de “defender al campo”. Cobrar dietas y liderar mesas que no producen agenda ni dictámenes alimenta la idea de una política convertida en club de privilegiados, distante de la fiscalización y la elaboración de políticas públicas. Para quienes lo votaron, la pregunta es clara: ¿dónde está el trabajo que justifica la representación?

Además de la cuestionable productividad parlamentaria, la trayectoria pública de De Ángeli arrastra episodios que rozaron la investigación penal. En 2008 un pedido de investigación del entonces fiscal federal Guillermo Marijuán lo ubicó en la mira por declaraciones que aludían a “gente armada” durante piquetes del sector rural, lo que motivó denuncias por intimidación pública, incitación a la violencia y acopio de armas. Aunque aquello ocurrió hace años, la aparición de ese expediente forma parte de un historial que no debería pasar inadvertido al evaluar la conducta de quien ocupa un cargo republicano. La vocación por la protesta no puede confundirse con la idoneidad para legislar desde el Estado.

Poca producción legislativa, ausencias y abstenciones en votaciones sociales críticas, inactividad en comisiones y viejas denuncias— conforma un diagnóstico duro: De Ángeli mantiene la fachada del dirigente cercano al campo, pero su aportación real al debate público institucional es escasa. Mientras tanto, proyectos que afectan a jubilados, hospitales pediátricos y universidades son aprobados o defendidos por otras fuerzas políticas; su papel, en contraste, queda reducido a declaraciones mediáticas y actos protocolares.

La casta

Que un senador cobre dietas, participe de comisiones y conserve la banca sin impulsar leyes ni debates sustantivos es, para muchos, la definición misma de “casta”: representantes que viven de la política pero no la ejercen. Si la democracia exige rendición de cuentas, corresponde que la ciudadanía y los medios sigan midiendo y poniendo en cuestión esta gestión. La provincia de Entre Ríos merece representantes que legislen, propongan soluciones concretas y estén presentes cuando se vota por la salud, la educación y el bienestar de los jubilados —no figuras que prefieren la tribuna y la comodidad de la ausencia.

  • Periodista de investigación
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