El periodista, locutor y relator falleció en horas de la madrugada a los 78 años.
El periodista, locutor y relator Marcelo Araujo, una de las voces más destacadas de las transmisiones televisivas del fútbol argentino durante décadas, murió durante este lunes a la madrugada. Su carrera se inició en la década del ‘70, pero el recuerdo de Fútbol de Primera es el primero que invade a la memoria de las familias argentinas. No era solo un programa para el hincha, fue -desde 1989 hasta 2004- la cita ineludible del fin de semana en cada mesa futbolera. El sello de su relato y de su presencia trascendieron épocas, torneos, jugadores y gobiernos.
Su muerte fue confirmada por su familia, tras una larga internación en Vicente López. Informaron además que no habrá velorio y que lo van a cremar mañana en Chacarita, a las 11.
Una marca distintiva en el relato del futbol argentino
Lázaro Zilberman, ese era su nombre, nació el 12 de junio de 1947 en el barrio porteño de Villa Crespo. Su carrera, dentro de la locución y del periodismo deportivo, comenzó en la década del ‘70.
Su voz, con el paso del tiempo, creó uno de los vínculos mas reconocidos dentro del fútbol argentino. Primero, con la radio, como gran compañero del hincha y, después, los domingos por la noche, con Fútbol de Primera: “Lo que viene, lo que viene” y la espera de cada semana para ver el resumen de tu equipo, en épocas en que los goles y las alternativas de los partidos no se podían ver en ningún lado.
La icónica dupla de Araujo con Macaya Márquez
Su dupla más emblémática fue con Macaya Márquez como comentarista, dentro de un equipo que marcó a toda una generación -de hinchas y de periodistas deportivos-.
Entre 2009 y 2014 Araujo protagonizó el relato televisivo de la mano del Fútbol para Todos, el programa que permitió el acceso libre y gratuito a los partidos del fútbol argentino. Ya no era necesario esperar a Fútbol de Primera para ver la fecha y los goles de cada club, pero su voz – tan carácteristica- se mantuvo ahí.
Cabe destacar la ingeniosidad que tenía para poner apodos, su histrionismo, su relato en épocas doradas del futbol argentino -ya sea en el torneo local como en las noches de Copa Libertadores- y su manera de romper la cuarta pared con los oyentes y televidentes -y de incluirlos en lo que ocurría dentro de la cancha- fueron su gran sello.
