Un sumario contra un comisario retirado por publicaciones en redes sociales expone mucho más que un exceso aislado: revela el modelo de gestión del ministro Néstor Roncaglia, un ex jefe de la Policía Federal que hoy concentra poder en un sistema donde la vigilancia interna parece pesar más que las respuestas a la inseguridad real.

El documento es claro, pero lo que revela es aún más inquietante. La apertura de un sumario administrativo contra un comisario mayor retirado por supuestas publicaciones en Facebook no es un hecho menor ni aislado: es el síntoma de una forma de gobernar la seguridad en Entre Ríos donde el foco parece estar puesto en disciplinar, controlar y vigilar, antes que en resolver los problemas estructurales que atraviesa la provincia.
Bajo la órbita del Ministerio de Seguridad y Justicia, conducido por Néstor Roncaglia —un hombre con más de cuatro décadas en estructuras policiales y ex jefe de la Policía Federal Argentina—, la maquinaria de Asuntos Internos se activa incluso frente a elementos débiles, difusos o directamente inexistentes.
El caso es paradigmático: una cuenta de Facebook no verificada, aparentemente inactiva, sirve como base para impulsar una investigación formal. No hay delito tipificado, no hay daño concreto, no hay urgencia operativa. Hay, en cambio, una opinión. Y eso alcanza.
La gravedad no radica únicamente en el expediente en sí, sino en el mensaje que transmite. En la práctica, se instala la idea de que cualquier expresión —incluso fuera del servicio activo— puede ser objeto de seguimiento, análisis y eventual sanción. El límite entre la disciplina institucional y la vigilancia ideológica se vuelve peligrosamente difuso.
Y esto ocurre en una provincia donde el propio ministro ha reconocido la existencia de vínculos entre el narcotráfico, la política y sectores de las fuerzas de seguridad. En declaraciones recientes, Roncaglia admitió que organizaciones criminales operaban con conexiones dentro del Estado y la policía, sugiriendo un nivel de penetración que debería encender todas las alarmas. ()
Sin embargo, frente a ese escenario de alta complejidad, la respuesta concreta que emerge desde la estructura estatal es un sumario por redes sociales.
La contradicción es evidente. Mientras se reconocen tramas delictivas con capacidad de infiltrar instituciones, los recursos administrativos se destinan a investigar publicaciones digitales. Mientras se habla de crimen organizado, la acción efectiva se reduce a expedientes internos de dudosa relevancia.
El problema no es solo de prioridades, sino de concepción. Roncaglia no es un funcionario cualquiera: su trayectoria está profundamente marcada por la lógica policial. Formado y consolidado dentro de estructuras de seguridad tradicionales, su llegada al ministerio prometía experiencia y conocimiento. Pero también arrastraba un modelo: verticalista, cerrado y con fuerte impronta de control interno.
Ese modelo parece hoy trasladado sin filtros a la gestión provincial.
La intervención de áreas como Investigaciones e Inteligencia Criminal en un expediente basado en redes sociales no es un dato menor. Implica el uso de herramientas diseñadas para combatir delitos complejos en situaciones que, en el mejor de los casos, pertenecen al ámbito de la libertad de expresión. La desproporción es evidente.
A esto se suma otro elemento preocupante: la falta de transparencia en los criterios. ¿Cómo se valida un perfil digital? ¿Qué estándares probatorios se aplican? ¿Quién decide qué contenido amerita una investigación? El documento no lo aclara. Y ese vacío es, en sí mismo, un problema.
Porque cuando las reglas no están claras, lo que queda es la discrecionalidad.
El resultado es un esquema donde el poder disciplinario se expande sin controles visibles, mientras los problemas de fondo —inseguridad, narcotráfico, violencia— continúan demandando respuestas estructurales que no aparecen con la misma intensidad.
El caso del comisario retirado no es, entonces, una anécdota administrativa. Es una señal. Una muestra concreta de hacia dónde se orienta la gestión de la seguridad en Entre Ríos: más pendiente de lo que se dice que de lo que ocurre.
Y en ese desplazamiento, lo que queda en riesgo no es solo la eficacia del sistema, sino también principios básicos que deberían ser intocables en cualquier democracia.
