• 21 de febrero de 2026 11:58

Viajes, fotos y ausencia: el gobierno itinerante de Rogelio Frigerio

El mal estado de las rutas provinciales, el deterioro de escuelas públicas y los reclamos sociales sin respuesta alimentan un clima de creciente malestar en Entre Ríos. En ese contexto, los reiterados viajes del gobernador vuelven a quedar en el centro de la crítica política y social.

En Entre Ríos, la discusión ya no gira sólo en torno a la frecuencia de los viajes del gobernador Rogelio Frigerio. Lo que empieza a generar un malestar cada vez más visible es el contraste entre esa agenda itinerante y los problemas concretos que atraviesan los entrerrianos todos los días.

Uno de los reclamos más reiterados tiene que ver con el estado de las rutas provinciales. Conductores, transportistas y productores coinciden en el diagnóstico: tramos destruidos, baches profundos, falta de señalización y mantenimiento prácticamente inexistente en amplias zonas del territorio. Hay caminos que se vuelven intransitables con lluvias moderadas, otros que acumulan años sin intervenciones significativas y corredores productivos estratégicos que hoy representan un riesgo permanente para quienes los utilizan.

La situación no es menor. Las rutas provinciales son clave para la actividad económica, el traslado de estudiantes, el acceso a servicios de salud y la conectividad entre localidades. Sin embargo, la falta de obras estructurales y de mantenimiento sostenido alimenta la sensación de abandono. El deterioro dejó de ser un problema técnico para transformarse en un símbolo político.

El panorama educativo tampoco escapa a las críticas. Directivos, docentes y familias vienen denunciando desde hace meses el estado de muchos edificios escolares: techos que filtran, sanitarios deteriorados, problemas eléctricos, falta de mantenimiento básico y obras paralizadas o postergadas indefinidamente. En algunos establecimientos, las condiciones edilicias obligan a reorganizar horarios, suspender actividades o convivir con riesgos que deberían ser inadmisibles en espacios educativos.

A esto se suman reclamos salariales, demoras en reparaciones urgentes y una sensación generalizada de que el sistema educativo funciona más por esfuerzo de las comunidades escolares que por una política sostenida de infraestructura.

El contraste con la agenda del gobernador es lo que enciende el clima político. Cada nuevo viaje, cada presencia fuera de la provincia o cada imagen difundida en redes sociales se interpreta, para sectores cada vez más amplios, como una muestra de desconexión con estos problemas cotidianos.

Las críticas que difunde públicamente Marcelo Casaretto apuntan precisamente a ese punto: mientras se multiplican los desplazamientos y actividades fuera del territorio, las demandas internas se acumulan sin soluciones visibles. La pregunta que sobrevuela es simple pero contundente: ¿dónde está puesta la prioridad de la gestión?

El problema no es el viaje en sí mismo, sino el contexto en el que ocurre. Cuando las rutas se rompen, las escuelas se deterioran y los reclamos se repiten sin respuestas concretas, la movilidad del poder político deja de percibirse como gestión y empieza a verse como ausencia.

Entre Ríos no discute sólo una agenda. Discute presencia, prioridades y capacidad de gobierno. Y en esa discusión, el desgaste político ya no lo genera un posteo o una foto aislada, sino la suma de problemas estructurales que siguen esperando soluciones mientras la conducción parece ejercerse cada vez más lejos del territorio.

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