La provincia se inscribe en una tendencia nacional marcada por el derrumbe de la natalidad y la reducción sostenida de la cantidad de chicos en las aulas, un escenario que obliga a revisar la organización del sistema educativo.
Entre Ríos no es ajena a un fenómeno que ya muestra efectos concretos en todo el país: la fuerte caída de la matrícula en la escuela primaria. Según proyecciones oficiales y estimaciones de especialistas, hacia 2030 el nivel primario perderá a nivel nacional cerca de 1.200.000 estudiantes, lo que representa una baja del 27% respecto de los registros de 2023. En ese contexto, la provincia aparece entre las jurisdicciones con menor cantidad de alumnos por sección.
Los datos surgen del informe “Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado”, elaborado por Argentinos por la Educación, con autoría de Martín De Simone, María Sol Alzú y Martín Nistal, a partir de proyecciones demográficas de la Dirección Nacional de Población y del Relevamiento Anual de la Secretaría de Educación.
Aulas cada vez más chicas y un sistema en tensión
El trabajo anticipa una transformación profunda en la estructura del sistema educativo. Si se mantuviera la cantidad actual de secciones, las aulas con más de 25 alumnos —que hoy concentran el 43,5% de la matrícula— pasarían a representar apenas el 3,9% hacia 2030. En contrapartida, las secciones con menos de 20 estudiantes crecerían del 21,5% al 71%.
Este corrimiento no es menor: implicaría, a escala nacional, la existencia de más de 50.000 secciones y más de 71.000 cargos docentes que dejarían de ser necesarios bajo el esquema actual. El dato expone una discusión inevitable sobre el uso de los recursos humanos y la infraestructura en un escenario de retracción demográfica.
La baja natalidad, el factor decisivo
La caída de la matrícula no responde a decisiones educativas sino a un cambio estructural: el derrumbe de la natalidad. En la última década, los nacimientos en Argentina cayeron cerca de un 40%, un fenómeno que empieza a sentirse con fuerza en el sistema escolar.
“La Argentina no es una excepción a una tendencia global, pero el descenso se aceleró de manera abrupta en los últimos diez años”, explicó Leyre Sáenz Guillén, analista de datos de Argentinos por la Educación. Esa aceleración es la que explica la magnitud de la proyección: 1,2 millones de alumnos menos en el nivel primario en apenas un lustro.

¿Más recursos o más ineficiencia?
El nuevo escenario abre una ventana de oportunidad, pero también riesgos. Para Martín De Simone, la reducción de la matrícula permitiría, al menos en teoría, destinar más recursos por estudiante sin incrementar el gasto total. Sin embargo, advirtió que ese potencial puede diluirse si el sistema no se reorganiza con el aprendizaje como eje central.
“La inercia institucional puede hacer que esta oportunidad se desperdicie”, señaló, marcando un punto crítico: menos alumnos no garantiza automáticamente mejores resultados educativos.
Docentes, ratios y calidad educativa
En 2023, Argentina registró un promedio de 16 alumnos por docente en primaria, un valor cercano al promedio regional. Pero si la cantidad de cargos docentes se mantiene constante, ese ratio caería a 12 alumnos por docente en 2030, ubicando al país entre los niveles más bajos de América Latina.
Si bien una mayor disponibilidad de docentes por estudiante podría parecer una ventaja, los especialistas advierten que aulas excesivamente pequeñas no necesariamente mejoran los aprendizajes. “Existe un número ideal de alumnos, porque el aprendizaje también se construye entre pares”, explicó Sáenz Guillén.
Entre las alternativas que plantea el informe aparece la posibilidad de reorganizar cursos para alcanzar grupos de 25 a 30 alumnos y reasignar docentes a roles de apoyo, como tutorías focalizadas, una estrategia respaldada por evidencia empírica.
Un impacto desigual en las provincias
La contracción de la matrícula no será homogénea. En términos absolutos, la provincia de Buenos Aires encabezará la caída, con más de 510.000 alumnos menos, seguida por la Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe. En términos porcentuales, las mayores bajas se proyectan en Tierra del Fuego, Santa Cruz y CABA.
En el otro extremo, provincias como Santiago del Estero, Misiones y Corrientes mostrarán descensos más moderados, aunque ninguna jurisdicción quedará al margen del proceso.
Entre Ríos
En este contexto, Entre Ríos presenta particularidades que profundizan el debate. El informe señala que, junto con Catamarca y La Rioja, la provincia ya lidera la proporción de aulas pequeñas, con menos alumnos por sección que los grandes conglomerados urbanos.
Actualmente, mientras el promedio nacional es de 16 alumnos por docente, Entre Ríos registra alrededor de 12. Si no se modifican las plantas docentes, hacia 2030 ese número podría descender a apenas 9 alumnos por docente, consolidando un esquema de aulas reducidas.
Además, las secciones con más de 25 estudiantes, habituales en zonas urbanas, tenderían a desaparecer casi por completo, dando paso a una mayoría de cursos con menos de 20 alumnos.
El dato, lejos de ser meramente estadístico, plantea un interrogante de fondo: cómo sostener la calidad educativa y la eficiencia del sistema en una provincia donde la caída de la matrícula ya no es una proyección futura, sino una realidad en marcha.
